Milán no es conocida precisamete por ser una ciudad bonita y ahora entiendo porqué. Hay pintadas en cada muro, las casas son viejas y los rastros de la revolución industrial italiana son todavía hoy en día patentes. Hay barrios con renombre que tienen casas abandonadas y descampados, por lo que no es de extrañar que en el mismo Sant Ambrogio, una zona valorada, uno se encuentre con callejuelas similares a las de un barrio marginal de una gran ciudad. El Central Business District está compuesto por las sedes de los principales bancos italianos, por la bolsa etc. pero a cien metros hay casas abandonadas.
Pero todo esto se olvida al llegar al centro de la ciudad, coronado por el Duomo de Milán, la galeria de Vittorio Emmanuel, el teatro La Scala y el comercio de lujo. Los pelos se ponen de punta y el ambiente es increíble. Hay cientos de tiendas con el típico estilo italiano y las calles circundantes están repletas de pizzerías, pastelerías, heladerías y de cafés. Los más caros y no por eso mejores son los más cercanos a la catedral. Es mejor alejarse un poquito, así la zono no estará tan llena de gente.
domingo, 13 de septiembre de 2009
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